
Compañero de la hinchada roja: quizá no me hayas visto jugar, tal vez tu padre o tu abuelo, si. Pero de lo que estoy seguro que alguna vez has oído hablar de mí.
Llegue a tu país por primera vez allá por 1932, yo jugaba en la Selección de la Cruz Roja. Te preguntarás ¿por qué una Selección de la Cruz Roja?
Mi país había entrado en guerra con un país hermano. Mi país se llama Paraguay y el país hermano Bolivia.
Yo tenía 18 años recién cumplidos y los intereses petroleros de las empresas Estadounidenses provocaron una sangrienta guerra que comenzó a devastar vidas jóvenes en ambos países. Estaba por partir al frente de combate cuando un oficial me apartó de la tropa y me llevó a la retaguardia, a la Cruz Roja justamente en donde se formó un seleccionado de fútbol que realizaría giras por países limítrofes para recaudar fondos para insumos médicos que permitieran atender a los mutilados de la sangrienta guerra fratricida.
De allí en más la historia es bastante conocida, me vieron jugar en Buenos Aires dirigentes de Independiente, entre ellos el Sr. Alfredo Roche y me trajeron en 1934 para Avellaneda, lejos del fragor de la batalla, lejos de la sangre derramada, lejos de la devastación.



